Sin que el hombre pierda su carácter en el sistema familiar, ni la mujer resigne el suyo, hoy los roles parentales también se comparten.

Desde hace algunos años, las escenas de la vida cotidiana de una familia “tipo” están mostrando formas diferentes. La dinámica familiar se va modificando y el rol del padre no es la excepción.

Lejos del señor de traje que llegaba a su casa y se sentaba a esperar que su esposa lo atendiera, los hombres llegan y son recibidos (o esperan que llegue) por una mujer que también vuelve del trabajo y por chicos que se le abalanzan ni bien atraviesa la puerta y lo llenan de besos y reciben sus abrazos.

Las demostraciones de amor y de afecto, además de los cuidados que antes sólo eran responsabilidad de las mamás, pasaron a ser fundantes en la relación del padre con sus hijos. Afortunadamente.

“Las funciones paternas van modificándose con los cambios en las estructuras y dinámicas familiares. En los últimos años, sobresalen tres hechos que han modificado los roles de los miembros del hogar”, señala Carina Lupica, directora ejecutiva del Observatorio de la Maternidad.

“Estos cambios son el incremento de las separaciones y divorcios, el ingreso masivo de las mujeres/madres al mercado laboral y los cambios culturales respecto a los roles esperados de los hombres y de las mujeres en la sociedad”, enumera Lupica.

Si tenemos en cuenta que las funciones de madre y de padre son complementarias, si se modifica alguna variable en una de ellas, la otra, indefectiblemente, variará.

“No sólo una nueva paternidad se ha estado gestando en los últimos tiempos, sino también una nueva maternidad. En ambos casos el común denominador es la no exclusividad de tareas. La educaciónde los chicos y el cuidado de la casa ya no son exclusivamente femeninas. Hoy es moneda corriente ver a padres que corren por las mañanas para llevar a los chicos a las guarderías cercanas a su trabajo, o pasear por la plaza con el cochecito del bebé. Los hombres ya no se limitan a descansar cuando llegan a su casa después del trabajo, también se comportan activamente ante los quehaceres domésticos”, describen las licenciadas Viviana Laudano y Paula Arrieta, de Lullaby Nannies.

Qué se gana y qué se pierde

Con este nuevo paradigma en los roles parentales, en el que el padre acompaña en la crianza y en lo doméstico, hay consecuencias en la relación de pareja, y con los hijos. “Los beneficios son muchos, porque la función paterna y materna se construye a partir del nacimiento del primer hijo. Estar más cerca, sostener y acompañar desde un lugar de protagonismo hace que el vínculo del padre con el hijo se haga fuerte desde el amor”, señala la licenciada Rosina Duarte, coordinadora del Primer Programa Argentino de Formación en Primera Infancia y Crianza.

Más allá de las tendencias, estas situaciones no se viven en todas las familias. “Se observan muchas familias en las cuales la distribución no es pareja en cuanto a tareas y roles. Hay muchas mujeres a quienes les cuesta delegar en sus parejas ciertas tareas de cuidado de los hijos, entonces acaparan todas las funciones, aunque se quejan porque los maridos no hacen nada. O, más aún, delegan en ellos ciertas tareas pero después los critican o vuelven a hacer lo que ellos ya hicieron pues consideran que nadie lo hace como ella”, explica la licenciada Gisela Holc, psicóloga especializada en niños y en familia.

“En este sentido observo que hay mujeres a quienes les cuesta dar lugar al hombre/padre, y aceptar el hacer de ellos con sus diferencias”, añade la psicóloga. También sucede que el padre no cumple con la función específicamente paterna. “En algunos casos, se da un lugar feminizado o maternizado del padre. Ese hombre deja de tener el lugar de la ley y cede ese lugar porque, a veces, no quiere que su hijo tenga la misma experiencia que él en relación con su propio padre, muy autoritario y distante. Pero poner límites es poner un marco, es dar amor a un niño”, detalla, la psicoanalista Mónica Peisajovich. “Lo ideal es el equilibrio, un 50% de padre maternizado, y un 50% de padre ‘autoritario’. Si hay desequilibrio, y sólo un 10% de uno o del otro, lo que se da es un exceso”, concluye.

“La función paterna como tal, las reglas y el orden tienen que ver con el corte del vínculo entre la madre y el bebé, que es necesario. Pero se puede dar desde otro lugar, con negociaciones en la pareja, estableciendo qué hace cada uno, con un diálogo permanente “, opina la licenciada Duarte.

Y esto incluye a las parejas parentales del mismo sexo y también a las divorciadas, ya que la figura paterna no es cuestión de género, si no de rol. “La pareja es un equipo, una sociedad que tira para el mismo lado. Los hijos son de ambos, y los dos deben acompañar al hijo en su proceso de crecimiento”, concluye Holc. Un proceso en el que el rol del padre ganó en afecto y complejidad.

CLARÍN

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