Chúo Torrealba

Hasta el momento de escribir estas líneas los partidos que “deberían” ser la dirección política de la sociedad democrática venezolana siguen sin decir que harán unitariamente frente a las elecciones del 22 de Abril convocadas por la írrita ANC. Seremos entonces los ciudadanos, huérfanos de “dirigencia” pero llenos de sentido común, quienes tendremos que responder la pregunta: ¿Qué queremos que pase el 22 de Abril?

¿Queremos que se repita el escenario del pasado 10 de diciembre, cuando en las elecciones municipales participaron unos partidos de oposición y otros se abstuvieron, creando una confusión mas desmovilizadora que las propias trampas del régimen? ¿No, verdad? Entonces la decisión de los partidos sobre participar o no tiene que ser UNITARIA y sin más dilaciones.

¿Queremos que se repita el escenario del pasado 15 de Octubre, cuando la dirección partidista de la oposición llamó a votar sin tomar las previsiones para defender ese voto, siendo incapaz de enfrentar y denunciar el fraude? ¿No, verdad?

Entonces la decisión de los partidos, si consistiera en llamar UNITARIAMENTE a votar, debiera incluir también todas las previsiones para hacer del acto del voto parte sustancial de una estrategia de poder, con un candidato que sea el rostro de la UNIDAD NACIONAL, más que candidato LIDER Y VOCERO que -con los partidos y más allá de estos- articule la lucha del país por verdaderas elecciones libres y contra el hambre, respaldado por una maquinaria UNITARIA capaz de obtener y defender el triunfo como se hizo el 6 de diciembre de 2015, o de denunciar de manera irrebatible el fraude, profundizando la deslegitimación del régimen.

¿Queremos que se repita el escenario del pasado 30 de Julio, cuando la dirección política de la oposición llamó a abstenerse en las elecciones de la Constituyente, y en consecuencia -sin miembros ni testigos opositores en las mesas de votación- el régimen pudo decir sin que nadie lo desmintiera que habían votado mas de ocho millones de venezolanos? ¿No, verdad?

Entonces, si la decisión UNITARIA de la dirección partidista de la oposición fuera no participar en las elecciones del 22 de Abril no bastaría con llamar a abstenerse (abstenerse no es hacer algo, es simplemente “dejar de hacer”): Habría que postular un “candidato X”, un candidato simbólico, un candidato anti-proceso electoral, un candidato que no aspire a ganar esas elecciones sino que actúe desde adentro para demostrar el carácter fraudulento de las mismas. Un anti-candidato que -al no llamar a votar por nadie, ni siquiera por sí mismo- no tendría votantes pero SI tendría testigos y miembros de mesa, atentos y formados para vigilar, denunciar y desenmascarar el fraude.

Además, la campaña de ese “anti-candidato” (centrada no sólo en demandas electorales, sino en la crisis económica, en el hambre de la gente) podría servir para reagrupar y reorganizar a la hoy dividida dirección política opositora, y para re-entusiasmar a su hoy desmoralizada y desencantada base social.

Ya sabemos que los partidos de la dirección política opositora no hablan. Ojala que al menos lean y escuchen.

2001

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