Voluntad Popular es el partido de última generación nacido al fuego de las luchas contra la dictadura de corte castrista y estalinista que sufre Venezuela desde hace 18 años, pero también el de más rápido crecimiento, pues en el último trimestre del año pasado desplazó a Primero Justicia como primera organización política de la oposición venezolana.
Si mal no recuerdo, fue fundado por Leopoldo López el 5 de diciembre del 2009, creo que para marcar el final de una etapa en su carrera que lo hizo trasegar por Primero Justicia, UNT y su gestión pública como Alcalde del municipio Chacao de Caracas durante dos períodos, fundido entre los líderes y los sucesos de aquellos tiempos que, sin duda, le dejaron las pautas de lo que se debía hacer y no hacer en política.
Por eso, Voluntad Popular no nace de la nada, no parte de cero y ya en sus primeras manifestaciones públicas sorprende que pueda exhibir una enorme pegada en barrios del este y el oeste de Caracas, y de ciudades del interior como Valencia, Maracaibo, Mérida y San Cristóbal.
Nada, sin embargo, que augurara el protagonismo que asume en la rebelión estudiantil y popular que irrumpe el 12 de febrero de 2014, y que, compartido con otras organizaciones como Vente Venezuela de María Corina Machado y Alianza Bravo Pueblo del Alcalde Metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, va a ser el inicio de una nueva era en la confrontación oposición-dictadura que culminará con el desalojo del madurismo de la Asamblea Nacional en las parlamentarias del 6D del 2015.
Fue el movimiento que, genéricamente, se llamó “La Salida”, que produjo y desplegó por primera vez la idea de “La Transición” que aun pende como un reto no resuelto por la oposición venezolana.
De febrero y las jornadas que sacuden al país de San Cristóbal a Caracas, y de la capital, al Oriente y el profundo Sur de Venezuela -y que dejan un saldo de 43 ciudadanos asesinados por la represión madurista, así como cientos de heridos y miles de perseguidos, torturados y encarcelados-, viene la actual Voluntad Popular, como que su líder y presidente, Leopoldo López, es hecho prisionero y aherrojado en la cárcel militar de Ramo Verde, y son sus dirigentes, activistas y militantes los objetivos “más buscados” por los militares y policías que se convirtieron en reos de la justicia internacional defendiendo al peor gobierno que ha tenido la patria de Bolívar en toda su historia.
Pero logros fundamentales se alcanzaron, el mundo conoce y admite por primera vez que en Venezuela hay una dictadura y un estado forajido al margen de la ley, que rueda imparable una crisis humanitaria, y que es necesario intervenir de alguna forma para detener el colapso.
Muy asustado, por consejería cubana, y a través de Unasur, Maduro propone un “falso diálogo”, de factura idéntica al fracasado en diciembre, mientras arrecia la represión contra la organización política que ha contribuido más que ninguna otra a quitarle la última hoja de parra: Voluntad Popular.
Pero no para interrumpir, sino acelerar su vertiginoso crecimiento, que, en todos los rincones del país comienza a lucir como la alternativa de revelo frente a partidos opositores que, ya expresan el cansancio de una década y media de lucha contra un régimen dictatorial que, en la versión de Maduro, ya toma la vía directa hacia el castrismo y el stalinismo.
Particularmente, es remarcable el auge que manifiesta el nuevo partido entre jóvenes de todas las clases, profesiones y sectores del país que, se enganchan e incorporan de a miles con una propuesta que, en cuanto percibe sin interferencias la regresión de Venezuela hacia estadios cada vez más bárbaros y totalitarios, es la plataforma para que quienes luchan se sientan vencedores, libres y confiados.
Fenómeno que podría encontrar explicación, no solo porque su presidente y líder, Leopoldo López, no se doblega aún en las peores circunstancias del cautiverio, sino porque su dirección con un promedio de edad que no traspasa la treintena de años, no se separa sino que se une, a través de la MUD, al torrente de estrategias que traza la oposición para arrollar la dictadura.
Es así cómo, de las elecciones parlamentarias del 6D en las que la oposición casi desaloja al madurismo de la Asamblea Nacional al ganar por mayoría absoluta, Voluntad Popular se convierte en la fuerza política con la cuarta representación en la AN, al obtener 14 diputados y desde entonces pasa a ejercer una presencia incontestable e insoslayable en todos los ámbitos de la política nacional.
El 2016 es un año que aún no termina de ser evaluado, cotejado y diseccionado para establecer su auténtica significación en la dinámica del proceso de confrontación con la dictadura, pero una primera aproximación puede ser establecida: fue el año en que la oposición arrancó con las mejores posibilidades de ponerle fin a la dictadura madurista, y terminó regresándola a los esquemas primarios de la división, de la entrega de la calle a los cuerpos policiales y tratando de plantearse otra estrategia de sobrevivencia pues el régimen había vuelto a tomar la ofensiva.
Pero las encuestas del último trimestre del 2016, traen cifras que no pueden ser más reconfortantes para Voluntad Popular, pues, por primera vez en su cortísima historia, revelan que ha pasado a ser el primer partido de la oposición democrática, al colocarse por encima de “Primero Justicia” por más de cuatro puntos.
Y todo ello, a pesar de que Voluntad Popular continúa siendo el centro de la represión gubernamental y no ha cesado de ver a sus líderes nacionales y regionales, a sus activistas y militantes, como los objetivos principales de los cuerpos policiales, militares y paramilitares que, cada día, se sienten más y más desbordados por oleadas de protestas populares en las cuales no faltan nunca los hombres y mujeres del partido fundado por Leopoldo López.
Pero ahí están Leopoldo López, Daniel Ceballos, Yon Goicoechea Raúl Emilio Baduel y Gilber Caro desde las cárceles, Carlos Vecchio y Lester Toledo desde el exilio, Freddy Guevara, Juan Guaidó, Luis Florido y Olivia Lozano desde la Asamblea Nacional, y desde las calles, David Smolansky, Gaby Arellano, Desiré Barboza, Juan Andrés Mejía, Roberto Smith y Lilian Tintori.
Venezolanos de bien, por sobre todo, de una nueva generación sin conexión con ninguno de los pasados políticos antiguos y recientes, demócratas que vienen de la mejor democracia que es la de abajo y no la de las alturas y con una vocación para la lucha que entiende que a las dictaduras marxistas no se les derrota sino en la calle.
Por eso, Voluntad Popular se opuso al “falso diálogo” de finales del año pasado, cuando la dictadura, avalada por factores internacionales que no conocían ni sentían la política ni la realidad nacional, destrozó las conquistas del mejor año que había logrado la oposición en su lucha por derrotar a Maduro y su pandilla.
Por eso, también, estará este fin de semana recogiendo las firmas para validar su registro en el CNE, pero no porque piense que el gobierno de Maduro esté interesado en otra cosa que no sea en destruir a Voluntad Popular y a la oposición en su conjunto, si bien para aplazar indefinidamente las elecciones para gobernadores y alcaldes que se comprometió a realizar este año, eligió este requisito que es otra pieza más de la postergación.
“No podemos regalarle a Maduro” nos decía recientemente en una conversación, Juan Andrés Mejía, el Coordinador Nacional, “la legalidad de Voluntad Popular. No podemos permitirle que diga: ´No los ilegalicé, se autoilegalizaron, y así quedan fuera del sistema electoral´. Además, revalidarnos es demostrar otra vez nuestra fuerza de calle, que debemos recuperar el terreno perdido a causa del fracaso del “falso diálogo”.
Pero también está la lucha por la libertad de los presos políticos, por los 140 presos políticos que, según el Foro Penal, están en la cárceles por delitos de conciencia, sin que se les haga el debido proceso, y simplemente se les retenga sin causa ni juicio que justifique la pérdida de un bien tan preciado como la libertad.
Pero Voluntad Popular también está denunciando que la dictadura se prepara a ilegalizar al partido acusándolo de una presunta participación en una rebelión militar -según los laboratorios de guerra sucia de El Aissami, el jefe del Comando Antigolpe-, que sería la que encabezaría el hoy de nuevo detenido general, Raúl Baduel, y en la cual, los líderes, activistas y militantes del partido de Leopoldo López pondrían los “soldados” para la batalla final.
Puro pote de humo, por supuesto, que trataría de trasladar los casos de la disidencia política civil a la justicia militar, más manipulable y presionable por Maduro, ya que nombra a sus jueces y magistrados a capricho y que, dado el perfil militarista del régimen, estaría más dispuesta a complacer al dictador.
Pero delirios de los sátrapas de turno, incapacitados desde aquel 5 de diciembre del 2009 de detener el crecimiento, la expansión y la pegada de Voluntad Popular, partido convertido en una inspiración clave para derrotar la dictadura y reconstruir una Venezuela libre y democrática de la cual ya se sienten los aires.

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