La llegada a nuestras vidas de los asistentes virtuales ha convertido muchos de los dispositivos que nos rodean en sospechosos habituales de espionaje. No en vano, recogen información personal en todo momento y permanecen escuchando de manera constante a la espera de recibir esa orden que los haga ponerse en marcha.

No obstante, no solo los mayordomos virtuales integrados en modernos altavoces o teléfonos móviles amenazan la privacidad de los usuarios. Con la internet de las cosas, multitud de sensores nos rodean en el día a día dispuestos en dispositivos que van desde el televisor hasta el frigorífico. Eso por no hablar de los clásicos, como la peligrosa ‘webcam’ de los ordenadores portátiles o su micrófono.

Para todos aquellos que sean celosos de su intimidad y que prefieran andarse con algo de prudencia a la hora de disfrutar de las supuestas ventajas de estos y otros dispositivos inteligentes, aún es posible impedir que los hogares se conviertan en una sucursal del temido Gran Hermano.

Lo que firmas

Pueden ser largos y están escritos en una jerga difícilmente comprensible, pero indagar un poco en los términos y condiciones de ciertos servicios puede ser de vital importancia a la hora de averiguar qué datos personales recaban y para qué los usan. Sin ir más lejos, Google aclara en las dudas frecuentes de su Home que el dispositivo escucha una cantidad de segundos indeterminada en busca del popular “Ok, Google” y los guarda en el propio aparato.

No obstante, para evitar ese esfuerzo ímprobo que supone la lectura de los textos legales, conviene recurrir a plataformas como Terms of Service; Didn’t Read. Esta iniciativa ofrece una extensión para navegadores capaz de clasificar los textos de términos y condiciones de un sinfín de servicios desde Clase A hasta clase E, en función de lo abusivos que resulten.

Además, resume los puntos más polémicos y añade a cada web una etiqueta siguiendo la gama cromática de los semáforos para advertir de una forma visual de los peligros de cada servicio. Así, cualquier usuario que no se sienta cómodo con alguno de los puntos del contrato que va a firmar, podría decidir no hacerlo. Seguro que es posible vivir sin ese frigorífico inteligente que nos hace la compra.

Elimina pistas

En caso de que ya hayas aceptado, algunos de esos servicios y dispositivos que hacen las veces de espías se pueden configurar para que dejen de jugar a ser James Bond o, al menos, eliminar de su privilegiada memoria los datosque han almacenado sobre nuestras vidas.

Es lo que sucede en el caso de cualquier dispositivo de la familia de Google. Ya sea un ‘smartphone’ Android, un Chromecast o incluso un Google Home, gran parte de la información que recoge el aparato aparece en la página de tu actividad. Si bien esta web es una suerte de galería de los horrores que muestra qué haces con tu móvil, qué aplicaciones usas con tu Chromecast e incluso cómo es tu voz, desde ella también es posible borrar todos esos datos (que Google asegura que solo tú puedes ver, pero que ellos también guardan) y, además, puedes pedir que dejen de registrar algunos.

Así, Google puede dejar de almacenar tus búsquedas de YouTube o, lo que es más importante, tu voz, algo que la compañía guarda de cara a mejorar su sistema de reconocimiento. Si prefieres que los de Mountain View no tengan algo tan personal, desactívalo aquí. Lo mismo ocurre con el Echo de Amazon: el perfil de usuario da acceso al borrado de todos aquellos datos que el asistente haya almacenado. Además, el dispositivo físico cuenta con un botón con el que es posible desactivar la constante escucha del aparato, siempre en busca de un comando que le ordene alguna acción.

Con otros dispositivos, como el ordenador, tapar la cámara o el micrófono puede evitar que la compañía propietaria de algún ‘software’ (o algún ciberdelincuente) se cuele en la mismísima habitación donde dormimos. No obstante, el método más fiable para evitar que un dispositivo tecnológico envíe información privada a una empresa es privarle de la conexión a internet. Si bien en la mayoría de los casos esto no es posible (o es, como poco, absurdo), en algunas situaciones sí que es útil: si tienes un televisor inteligente y un Chromecast o una Apple TV, desconecta el propio televisor de la red wifi y accede a internet desde alguno de tus accesorios.

Una red segura

Otra forma de proteger en la medida de lo posible nuestra privacidad mientras disfrutamos de las ventajas de estos dispositivos es hacer que estén conectados a internet de tal manera que algunos de tus datos personales no viajen. Para ello, bastaría recurrir a un router que cuente con una VPN propia, que enmascararía suficiente información de nuestros hábitos y ubicación como para gozar de cierta privacidad: todos los datos se transmitirían de forma cifrada.

No obstante, el ‘firewall’ de algunos routers ya permite establecer ciertas restricciones a esos dispositivos de la internet de las cosas que no cesan en su intento de enviar datos personales. Basta con configurar el router para ello y, por descontado, mantener el ‘firewall’ lo más actualizado posible para contar con la mayor protección.

Por si esto fuera poco, ya han salido al mercado algunos ‘firewalls’ específicos creados, precisamente, para ponerle puertas a ese campo llamado internet de las cosas. Es el caso de Cujo, un pequeño dispositivo que ofrece un ‘firewall’ diseñado para todos los dispositivos conectados que permite protegerlos de ciberataques.

Puede que tus datos vayan a parar a la empresa que te ofrece un servicio, pero qué menos que evitar que esa información íntima termine en manos de un ciberdelincuente.

EL CONFIDENCIAL

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